
En un contexto en el que las tecnologías de seguridad avanzan a gran velocidad, el fraude digital sigue encontrando un punto de entrada recurrente: las personas. Phishing, suplantación de identidad o fraudes emocionales no explotan fallos técnicos, sino errores humanos, falta de información o exceso de confianza.
En febrero, cuando muchas organizaciones revisan estrategias y presupuestos tras el cierre del ejercicio anterior, es un buen momento para recordar que invertir en concienciación es invertir en seguridad.
Ingeniería social: el ataque que no necesita malware
Los ciberdelincuentes han perfeccionado técnicas de manipulación psicológica que apelan a la urgencia, el miedo o la autoridad. Mensajes que aparentan venir de un banco, un proveedor o incluso un superior jerárquico siguen siendo uno de los métodos más eficaces para cometer fraude.
La sofisticación de estos ataques, reforzada por el uso de inteligencia artificial, hace que ya no baste con “tener cuidado”: es necesario saber identificar patrones de engaño.
Formación continua, no puntual
Una sesión aislada de formación ya no es suficiente. La concienciación debe ser:
Cuando los equipos están formados, los intentos de fraude se detectan antes y el impacto se reduce de forma drástica.
Cultura de prevención
La ciberseguridad no debe percibirse como una responsabilidad exclusiva del área técnica. Crear una cultura de prevención implica que cualquier persona se sienta parte activa de la protección digital de la organización.
Desde la AEECF insistimos en que la información y la concienciación siguen siendo una de las herramientas más eficaces contra el fraude digital.
Descubre todo sobre el fraude en nuestro informe TENDENCIAS DE FRAUDE EN EMPRESAS 2025-2026. Consulta el informe completo aquí: https://asociacioncontraelfraude.com/informe-anual-de-fraude/